Qué es Google Tag Manager y para qué sirve
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Marketing digital y SEO para empresas: posicionamiento en Google, contenidos, publicidad online, redes sociales y estrategias de captación de clientes.
Cómo hacer que te encuentren y te elijan: guías prácticas para atraer visitas que se conviertan en clientes, medir lo que funciona y diferenciarte de tu competencia.
No hay una respuesta única, y desconfía de quien te dé una fecha cerrada. Depende de lo disputado que esté tu sector, de cómo esté tu web por dentro y de cuánto contenido útil publiques.
Lo que sí puedes esperar es que sea un trabajo de medio y largo plazo. Normalmente se nota primero en que Google rastrea mejor la web, después en que apareces en más búsquedas y, más tarde, en que esas visitas se convierten en contactos.
La parte buena es que lo que construyes se queda: el tráfico que ganas con SEO no se apaga el día que dejas de pagar, como pasa con la publicidad.
No tienes que elegir: hacen cosas distintas y se complementan. La publicidad te trae visitas desde el primer día y te sirve para probar rápido qué mensajes funcionan. El SEO construye poco a poco una fuente de visitas que no depende de pagar por cada clic.
Un buen planteamiento es usar la publicidad para aprender y vender mientras el SEO va cogiendo fuerza. Eso sí, las dos tienen que llevar a una web que convierta; si no, estarás trayendo visitas que se van sin hacer nada.
Mirando lo que de verdad importa a tu negocio, no las cifras que quedan bonitas. Las visitas o los «me gusta» no te dicen si estás ganando dinero.
Fíjate sobre todo en esto:
Para tener esos datos necesitas la analítica bien configurada, midiendo formularios, llamadas o compras. Con eso sabrás qué mantener, qué cambiar y qué dejar de hacer.
Suele ser por uno de estos motivos:
El primer sitio donde mirar es Search Console, la herramienta de Google para quienes tienen una web. Te dice qué páginas conoce Google, si hay errores y en qué búsquedas ya apareces.
Es todo lo que haces para aparecer cuando alguien busca lo que ofreces cerca de donde está, por ejemplo «gestoría en Valencia» o «fisioterapeuta cerca de mí», y para salir en el mapa de Google.
Te conviene sobre todo si tus clientes te buscan en tu ciudad o en tu zona. Lo básico es cuidar tu perfil de empresa en Google, conseguir opiniones de clientes reales y que tu web explique claramente dónde trabajas.
No hay una cifra que sirva para todos. Depende de tu sector, de lo que ganas con cada venta y de lo que cuesta conseguir un cliente en tu mercado.
Lo más sensato es empezar con un presupuesto que puedas permitirte perder mientras aprendes, y usarlo para probar: distintos mensajes, distintos públicos, y ver qué trae contactos. Cuando tengas claro qué funciona, ya tiene sentido subir.
Antes de gastar nada, asegúrate de que puedes medir qué contactos o ventas trae cada campaña. Si no, no sabrás si estás invirtiendo o tirando el dinero.
Es una forma de conseguir clientes atrayéndolos con contenido que les resulta útil, en lugar de interrumpirles con anuncios: artículos, guías, vídeos o correos que responden a sus dudas y les acompañan desde que descubren que tienen un problema hasta que deciden contratarte.
Funciona especialmente bien cuando tus clientes se informan mucho antes de decidir, algo muy habitual cuando vendes a otras empresas o servicios que se piensan con calma.
Sí, te conviene. En las redes juegas en casa ajena: dependes de sus normas y de su algoritmo, y lo que hoy te funciona puede dejar de hacerlo mañana sin que puedas hacer nada.
Tu web es tuya. Aparece en Google, da confianza a quien no te conoce y te permite recoger contactos para hablar con ellos sin intermediarios. Lo ideal es que las redes atraigan y la web convierta.
En las que usan tus clientes, no en todas. Para elegir, piensa en a quién vendes:
Es mejor hacerlo bien en una o dos redes que estar a medias en muchas. Una cuenta abandonada da peor imagen que no tenerla.
Planificándolo antes de diseñar la web nueva, no el día del cambio. Los pasos básicos son:
Donde más tráfico se pierde es en las direcciones antiguas que se quedan sin redirigir.
Son unas etiquetas que se añaden al código de la web para explicarle a Google qué es cada cosa: esto es una empresa con su dirección, esto un artículo, esto un producto, estas son unas preguntas frecuentes.
Ayudan a que Google entienda mejor tus páginas y, en algunos casos, a que muestre tu resultado con información extra. No hacen milagros ni te suben de posición por sí solos, pero son una de esas cosas que conviene tener bien hechas.
Sí. Tiene algo que pocos canales tienen: hablas directamente con personas que te han dado permiso para escribirles, sin depender de un algoritmo.
Funciona cuando cada envío aporta algo: un consejo, una novedad útil o una oferta que de verdad interesa a quien la recibe. Lo que no funciona es mandar lo mismo a todo el mundo y solo para vender.
La clave está en cuidar tu lista: separar a los contactos según lo que les interesa y escribir a cada grupo lo suyo.
Es el camino que recorre una persona desde que te conoce hasta que te compra. Se suele dividir en etapas:
En cada etapa necesita algo distinto: al principio, contenido que le ayude; al final, confianza y facilidad para dar el paso. Dibujar tu embudo te ayuda a ver dónde se te escapan los clientes y qué arreglar primero.
Es una herramienta de Google para gestionar desde un solo sitio los códigos de medición de tu web, como los de la analítica o los de las plataformas de publicidad. Con ella se puede medir qué botones se pulsan, qué formularios se envían o cuántas reservas se hacen, sin tocar el código de la web cada vez.
Bien configurada, te da datos fiables y respeta lo que cada visitante elige en el aviso de cookies.
Depende de tu tamaño y de lo que necesites. Un equipo propio conoce el negocio a fondo y está siempre a mano, pero es difícil reunir en él todos los perfiles que hacen falta: estrategia, contenidos, SEO, publicidad, analítica.
Una agencia o una consultoría te aporta esa experiencia desde el primer día, aunque necesita que le cuentes bien tu negocio. Muchas empresas combinan las dos: la estrategia y el conocimiento del cliente, dentro; la especialización, fuera.
Elijas lo que elijas, pide siempre que te expliquen qué se hace, por qué y cómo se mide.