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Plan de equity y vesting para cofundadores de startup

Cómo diseñar un plan de equity y vesting para cofundadores de startup tecnológica

Repartir la propiedad de una startup figura entre las decisiones más delicadas que tomarán los cofundadores en toda la vida de la compañía. Lo que vemos en clientes con cierta frecuencia: un acuerdo mal armado erosiona al equipo fundador antes incluso de tener producto en el mercado, abre la puerta a disputas legales o ahuyenta a los inversores en la primera ronda. Y aun así, muchos equipos despachan la conversación en una tarde, o la posponen mes tras mes hasta que el problema ya tiene nombre y apellidos.

Lo que sigue es un recorrido por cómo construir un plan de equity y vesting que aguante: qué pesa de verdad en la distribución inicial, cómo armar el calendario de maduración y qué cláusulas protegen a la sociedad cuando un cofundador se baja antes de tiempo.


Por qué el reparto de equity entre cofundadores no es solo matemática

Tras años revisando cap tables de startups en fase temprana, el error más común sigue siendo el mismo: tratar el reparto como un ejercicio aritmético. Se opta por la división a partes iguales "para evitar conflictos desde el principio". El coste de esa decisión aparece más tarde. Cuando un fundador echa doce horas diarias y otro contribuye a ratos, la tensión llega sí o sí.

Hay variables que sí mueven la aguja:

  • Contribución pasada: si alguien lleva meses construyendo el producto antes de que el equipo se formalice, ese trabajo tiene valor y conviene reconocerlo.
  • Rol y responsabilidad futura: el CEO que carga con la presión de los inversores y la dirección estratégica no asume el mismo perfil de riesgo que un cofundador técnico que mantiene su empleo en paralelo.
  • Activos aportados: código, patentes, relaciones comerciales o capital semilla propio.
  • Coste de oportunidad: un profesional que renuncia a un salario de 80.000 € anuales arriesga algo distinto a alguien en desempleo.

Ninguno de estos factores valida por sí solo una proporción concreta. Lo que sí imponen es una conversación honesta antes de firmar nada.


Qué es el vesting y por qué es imprescindible

El vesting es el mecanismo por el cual cada cofundador va ganando el derecho efectivo sobre sus participaciones, sea por el paso del tiempo, sea por el cumplimiento de hitos. Sin un esquema de vesting, nada impide que un cofundador se marche al tercer mes con el 25 % de la compañía en el bolsillo, dejando al resto cargando con todo el trabajo y con un cap table que ningún inversor sensato va a aceptar sin reformular.

El calendario de vesting estándar en startups tecnológicas

El esquema dominante en el ecosistema tecnológico es el de 4 años con cliff de 1 año:

  • Durante los primeros 12 meses (el "cliff"), el cofundador no ha consolidado ninguna participación.
  • Al cumplir el año, adquiere de golpe el 25 % de sus acciones.
  • A partir de ahí, el resto madura mensualmente y de forma proporcional durante los 36 meses siguientes.

La lógica del calendario es doble. Por una parte, disuade abandonos tempranos. Por otra, premia a quienes aguantan la fase más exigente del crecimiento, que suele ser la primera.

Vesting basado en hitos frente al temporal

El vesting temporal manda porque es objetivo y se calcula solo. Algunas startups, sin embargo, combinan el calendario con hitos de negocio: lanzar el producto, alcanzar una cifra concreta de ingresos o cerrar una ronda. La intención es buena (alinear incentivos), pero la experiencia dice que los hitos generan más conflictos cuando su redacción deja margen de interpretación. Si se opta por esta vía, cada hito debe quedar descrito con métricas verificables y un responsable de validación claramente designado.


Cómo estructurar el cap table desde el principio

El cap table es la tabla de capitalización: recoge quién posee qué porcentaje de la compañía en cada momento. Diseñarlo con cabeza desde la fase fundacional evita conversaciones incómodas cuando entran inversores.

Reservar el pool de opciones para empleados

Antes de sentarse a negociar con un fondo, los fundadores deberían apartar un bloque de participaciones, normalmente entre el 10 % y el 20 % del total, destinado a empleados clave a través de un plan de opciones sobre acciones (ESOP, o phantom shares en el modelo español). Saltarse este paso suele acabar igual: el inversor lo exige más adelante y la dilución la asumen únicamente los fundadores, con bastante menos margen para discutirlo.

Participaciones ordinarias frente a preferentes

Los cofundadores reciben, por regla general, participaciones ordinarias. Los inversores institucionales casi siempre piden participaciones preferentes con liquidación preferente, cláusulas antidilución y, en ocasiones, voto reforzado. Entender la diferencia antes de la primera ronda evita sorpresas en la mesa de negociación.

La dilución progresiva

Cada nueva emisión, ya sea en una ronda seed, una Serie A o una ampliación del pool de opciones, reduce el porcentaje individual de cada cofundador. Eso no es necesariamente malo: una participación menor sobre una compañía más valiosa puede traducirse en más dinero. Pero conviene modelizar varios escenarios de dilución antes de comprometerse con cualquier acuerdo de inversión, porque el porcentaje final tras dos o tres rondas sorprende a quien no ha hecho los números.


Cláusulas esenciales en el pacto de socios

El pacto de socios (shareholders' agreement) regula las relaciones entre cofundadores y fija las reglas del juego más allá de lo que dicen los estatutos. Vesting aparte, hay un puñado de cláusulas que toda startup tecnológica debería incorporar.

Cláusula de buenas y malas salidas

No todas las salidas de un cofundador pesan lo mismo. La distinción habitual:

  • Good leaver: el cofundador abandona por causas ajenas a su voluntad (enfermedad grave, fallecimiento) o tras cumplir el vesting acordado. Conserva todas las participaciones consolidadas.
  • Bad leaver: el cofundador se marcha voluntariamente antes de cumplir el vesting, o incumple obligaciones contractuales relevantes. Las participaciones no maduradas vuelven a la compañía y, en ciertos supuestos, incluso las consolidadas pueden ser readquiridas a precio nominal.

Definir con precisión qué configura una mala salida (incluyendo competencia desleal o incumplimiento de exclusividad) reduce el margen interpretativo en un momento que, por definición, ya es conflictivo.

Derechos de arrastre y acompañamiento

El drag-along obliga a todos los socios a vender si una mayoría cualificada aprueba la venta de la compañía. Protege a compradores e inversores frente a bloqueos minoritarios. El tag-along opera en sentido contrario: garantiza que los socios minoritarios puedan sumarse a una venta en las mismas condiciones que los mayoritarios. Cualquier pacto de socios decente incluye ambos.

Derecho de tanteo y preferencia

Antes de que un cofundador transmita sus participaciones a un tercero, el resto de socios (y a menudo los inversores) tienen derecho a adquirirlas en idénticas condiciones. Es la cláusula que impide que un competidor o un actor hostil entre en el cap table por la puerta de atrás.


Errores habituales que destruyen equipos fundadores

Conocer los errores típicos no garantiza esquivarlos. Pero sí cambia la probabilidad.

Diferir la conversación sobre equity

El problema no desaparece por aplazarlo. Al contrario: cada semana que pasa, la negociación se vuelve más espesa porque cada parte ha invertido más tiempo, más esfuerzo y más expectativas. La conversación razonable se tiene antes de dedicar recursos significativos al proyecto, no después.

Firmar un acuerdo sin asesoramiento legal

Las plantillas genéricas que circulan por internet están pensadas para contextos jurídicos distintos del español. Aquí, las participaciones sociales se rigen por la Ley de Sociedades de Capital, y los pactos parasociales tienen limitaciones de ejecutabilidad frente a terceros que rara vez se explican en los modelos anglosajones. Esa diferencia, a la hora de la verdad, puede invalidar cláusulas enteras.

No actualizar el pacto tras una ronda de inversión

El pacto fundacional queda obsoleto en cuanto entra un inversor con sus propias exigencias. Lo habitual es que se imponga un nuevo pacto que integre a todas las partes. Si el original contenía cláusulas que chocan con las nuevas, lo que aparece después son conflictos de interpretación caros de resolver.

Ignorar las implicaciones fiscales del vesting

En España, la tributación de opciones y participaciones recibidas como compensación tiene matices que se suelen subestimar. Según la estructura elegida (participaciones reales, opciones sobre acciones, phantom shares), cambia tanto el momento como la base imponible. Una mala elección puede traducirse en un golpe fiscal en el momento de la adquisición, no al vender, lo que muchas veces pilla al cofundador sin liquidez para hacer frente al impuesto.


Phantom shares: una alternativa habitual en el contexto español

Las phantom shares (acciones fantasma) son derechos económicos que replican el comportamiento de las participaciones reales sin otorgar derechos políticos ni de voto. En el ecosistema español se han popularizado precisamente porque permiten incentivar a empleados y cofundadores sin tocar el cap table ni acometer ampliaciones de capital, que son lentas y caras.

Para el beneficiario, el cobro suele activarse en un evento de liquidez: una venta, una ronda significativa o una salida a bolsa. Tributan como rendimientos del trabajo en el momento del cobro, lo que puede resultar ventajoso frente a otros esquemas si el evento se materializa en un ejercicio concreto y el tipo marginal del beneficiario se puede gestionar con planificación.

Para cofundadores con rol de empleado, las phantom shares funcionan bien como complemento de un esquema de participaciones reales: separan la dimensión económica de la política, lo que en algunas configuraciones de equipo simplifica la toma de decisiones.


Cuándo y cómo revisar el plan de equity

Un plan de equity no es un documento que se firma y se archiva. Hay momentos en los que conviene volver sobre él:

  • Antes de cada ronda de inversión: para modelizar la dilución y ajustar el pool de opciones si la situación lo pide.
  • Cuando se incorpora un cofundador tardío: decidir si recibe participaciones de los fundadores existentes o de una nueva emisión, y bajo qué condiciones de vesting, requiere conversación, no inercia.
  • Tras la salida de un cofundador: las participaciones recuperadas o no maduradas deben redistribuirse o quedar en manos de la sociedad con un propósito explícito.
  • En hitos de negocio relevantes: si el plan incluía componentes de vesting por hitos, su cumplimiento debe documentarse formalmente.

La precisión jurídica importa tanto como los porcentajes

Un plan de equity mal diseñado deja secuelas durante años: roces entre fundadores, fricción en rondas de inversión y disputas legales caras. La dificultad real no está en acertar con los porcentajes, sino en redactar los documentos con la precisión jurídica y fiscal que el marco español exige.

Si estás estructurando el equity de tu startup o necesitas revisar un pacto de socios que ya quedó pequeño, conversa con nuestro equipo para recibir asesoramiento ajustado a tu situación concreta.

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