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Contrato de desarrollo web: cláusulas clave, propiedad del código y garantías antes de firmar

El contrato es el mapa del proyecto, no un trámite

Contratar una web a medida se parece más a levantar una casa que a comprar un producto de estantería. Hay planos, hay materiales, hay imprevistos y hay una relación que dura meses. Cuando todo va bien, el contrato duerme en un cajón. El problema es cuando algo se tuerce: el proveedor desaparece a mitad de proyecto, entrega la mitad de lo prometido, o resulta que el código que has pagado no es del todo tuyo. Ahí es donde un documento bien redactado marca la diferencia entre resolver el asunto en una llamada o acabar con una web bloqueada y varios miles de euros perdidos.

Muchas pymes y autónomos firman la primera propuesta que reciben porque el presupuesto encaja y tienen prisa por lanzar. Es comprensible, pero conviene frenar diez minutos. Un contrato claro protege a las dos partes y, honestamente, un buen proveedor lo agradece: reduce malentendidos y deja por escrito lo que de otra forma queda en el terreno resbaladizo de «ya me habías dicho que...». Repasemos punto por punto qué deberías exigir antes de estampar tu firma.

Alcance y entregables: define qué estás comprando

La mayoría de conflictos no nacen de la mala fe, sino de la ambigüedad. «Una web corporativa moderna» significa cosas muy distintas para el cliente y para el desarrollador. Por eso el alcance debe estar detallado hasta el punto de resultar casi aburrido: número de plantillas de página, funcionalidades concretas (formulario de contacto, blog, área de clientes, pasarela de pago), idiomas, integraciones con terceros como un CRM o una herramienta de facturación, y comportamiento en móvil y tablet.

Fija también qué NO entra. Si el diseño incluye tres rondas de revisiones, ponlo. Si la migración de contenidos desde tu web antigua corre por tu cuenta, que quede escrito. Esta línea divisoria evita el goteo de «pequeños extras» que acaban inflando la factura un 40 % sin que nadie sepa muy bien cuándo pasó.

El apartado de cambios (los famosos «change requests»)

Todo proyecto real cambia sobre la marcha. Lo sano no es prohibir los cambios, sino pactar cómo se gestionan: por escrito, con una estimación de coste y plazo antes de ejecutarlos. Una cláusula de gestión de cambios con una tarifa hora acordada de antemano (pongamos 45-65 euros la hora para un perfil de desarrollo en España) te protege de sorpresas y le da al proveedor un marco justo para cobrar el trabajo adicional.

Propiedad del código y del diseño: la cláusula que casi nadie lee

Aquí está el punto más delicado y el que más disgustos provoca. En España, la Ley de Propiedad Intelectual establece que, salvo pacto expreso, los derechos de una obra creada por encargo no se transmiten automáticamente en su totalidad al cliente. Dicho de forma llana: si el contrato no dice explícitamente que el código y el diseño pasan a ser tuyos, podrías encontrarte pagando por algo cuya titularidad sigue en manos del proveedor. Y eso significa depender de él para cualquier cambio futuro.

Exige una cláusula de cesión de derechos de explotación clara. Lo ideal es una cesión en exclusiva, para todo el mundo y por el máximo tiempo legal, que cubra el código fuente, las plantillas, los diseños gráficos y los textos creados a medida. Presta atención a estos matices:

  • Código a medida frente a librerías de terceros: el desarrollo específico de tu proyecto debe ser tuyo, pero es normal que se apoye en componentes de código abierto (por ejemplo, el propio núcleo de Drupal o módulos de la comunidad) que mantienen su licencia original. Eso es legítimo y no te resta control; simplemente debe estar identificado.
  • Entrega del código fuente: el contrato debe garantizar que recibes el código completo, no solo una versión compilada o un acceso limitado. Sin el fuente, no eres dueño de nada práctico.
  • Frameworks propietarios: desconfía de las «plataformas propias» cerradas que solo tu proveedor puede tocar. Te dejan atrapado. Un CMS estándar y bien documentado como Drupal o WordPress te da libertad para cambiar de manos el día de mañana.
  • Diseño y marca: el logotipo, la identidad visual y las fotografías encargadas también deben cederse expresamente, con sus archivos editables originales.

Un truco sencillo: pide que en la entrega final se incluya el repositorio de código (por ejemplo en Git) con todo el historial. Es la prueba tangible de que tienes lo que has pagado.

Hitos, pagos y plazos: dinero contra resultados

Pagar el 100 % por adelantado es un riesgo innecesario, y pagar todo al final rara vez lo acepta un proveedor serio. El equilibrio habitual es fraccionar el importe en hitos ligados a entregables reales. Un esquema típico para un proyecto de, digamos, 12.000 euros podría repartirse así: 30 % a la firma, 30 % con la aprobación del diseño, 30 % al finalizar el desarrollo y validar en un entorno de pruebas, y el 10 % restante tras la puesta en producción y el periodo de garantía inicial.

Ese último tramo retenido es tu mejor herramienta de negociación: mientras quede un porcentaje pendiente, el proveedor tiene un incentivo claro para cerrar bien los últimos flecos. Sobre las cifras, recuerda que los presupuestos deben especificar si el IVA (el 21 % general) está incluido o no; una diferencia que sobre un proyecto de cinco cifras es cualquier cosa menos anecdótica.

Plazos y penalizaciones sin dramatismos

El calendario debe ser realista y estar vinculado a tu colaboración. Muchos retrasos se deben a que el cliente tarda en entregar textos, imágenes o aprobaciones. Por eso una cláusula de plazos justa distingue entre demoras imputables al proveedor y las que provienen del cliente. Las penalizaciones por retraso (por ejemplo, un pequeño porcentaje del importe por cada semana de desviación no justificada) son legítimas, pero deben ser proporcionadas y recíprocas en espíritu: presionar sin asfixiar. Un proyecto no se rescata a base de multas, sino de comunicación, pero tenerlas escritas ordena las prioridades.

Garantía, soporte y qué pasa después de la entrega

Lanzar la web no es el final, es el principio de su vida útil. El contrato debe separar con claridad dos conceptos que a menudo se mezclan:

  • Garantía por defectos: un periodo (lo razonable son de 3 a 6 meses) durante el cual el proveedor corrige sin coste los errores de programación, fallos de funcionamiento o incumplimientos respecto a lo pactado. Ojo, esto cubre lo que estaba mal hecho, no cambios nuevos que se te ocurran después.
  • Soporte y mantenimiento: un servicio continuado y de pago que incluye actualizaciones de seguridad, copias de respaldo, pequeños ajustes y atención ante incidencias. En un CMS como Drupal, mantener el núcleo y los módulos al día no es opcional: es lo que impide que tu web se convierta en una puerta abierta a ataques.

Define los tiempos de respuesta del soporte (no es lo mismo un fallo crítico que tumba la tienda que un retoque estético), el canal de comunicación y el coste mensual o por bolsa de horas. Y verifica que el mantenimiento no te encadena: debes poder cancelarlo y llevarte tu web a otro sitio sin represalias técnicas.

Dominios, hosting y las llaves de tu propia casa

Este apartado provoca sustos con demasiada frecuencia. Es habitual que, por comodidad, el proveedor registre el dominio y contrate el alojamiento «para simplificarte la vida». El detalle peligroso es a nombre de quién quedan. Si el dominio está registrado con los datos del proveedor y la relación se rompe, puedes acabar peleando por la propiedad de tu propia dirección web, esa que ya aparece en tus tarjetas, tu rotulación y todos tus perfiles.

La regla es simple e innegociable: el dominio se registra siempre a tu nombre o al de tu empresa, con tu correo como contacto administrativo. Da igual quién lo gestione en el día a día; la titularidad es tuya. Lo mismo aplica a las cuentas de hosting, correo profesional y cualquier servicio de terceros. Exige que el contrato liste todos los accesos, usuarios y contraseñas que se te entregarán al finalizar, y que confirme que eres el titular de cada servicio. Sin las llaves, no eres el dueño de la casa aunque hayas pagado la hipoteca.

Confidencialidad, RGPD y protección de datos

Durante el desarrollo, el proveedor manejará información sensible: tu base de datos de clientes, estrategias comerciales, quizá credenciales de sistemas internos. El contrato debe incluir una cláusula de confidencialidad que le obligue a no divulgar ni usar esa información para otros fines.

Y hay una pieza legal que no puede faltar si la web va a tratar datos personales (y casi todas lo hacen, aunque solo sea con un formulario de contacto): el contrato de encargado del tratamiento que exige el RGPD. Si el proveedor va a acceder a datos de tus usuarios, la normativa europea obliga a regular por escrito qué puede hacer con ellos, qué medidas de seguridad aplica y qué ocurre al terminar. Añade a esto el cumplimiento de la LSSI-CE, que rige avisos legales, política de cookies y comunicaciones comerciales de cualquier web con actividad económica en España. Un proveedor que conoce el terreno te entregará la web con estos textos legales correctamente planteados, no como un añadido de última hora.

Cuando el proyecto se tuerce: resolución y salida ordenada

Nadie firma pensando en el divorcio, pero un buen contrato lo contempla con calma. Necesitas saber qué pasa si decides parar el proyecto a mitad, o si el proveedor incumple de forma grave. Una cláusula de resolución justa establece las causas para terminar el contrato, el preaviso necesario y, sobre todo, cómo se liquida lo hecho hasta ese punto: qué se paga y qué se entrega.

El punto crítico aquí vuelve a ser la entrega. Aunque el proyecto se interrumpa, debes tener derecho a recibir el código y los materiales desarrollados hasta la fecha, en un estado utilizable, para poder continuar con otro equipo. Una cláusula de salida bien redactada evita que tu inversión quede secuestrada como rehén de una discusión. Igualmente, conviene pactar el fuero: qué juzgados o, mejor aún, qué sistema de mediación se aplicará ante una disputa, para no descubrirlo en el peor momento.

Señales de un contrato que protege de verdad

Si tuvieras que quedarte con una lista corta de comprobaciones antes de firmar, serían estas: el código y el diseño se ceden en exclusiva y por escrito; recibes el código fuente completo; el dominio y el hosting están a tu nombre; los pagos van ligados a hitos con una retención final; hay garantía por defectos separada del mantenimiento; existe acuerdo de RGPD; y una salida limpia si algo falla. Un proveedor honesto no pondrá pegas a ninguno de estos puntos, porque son de sentido común y juegan también a su favor.

Revisar o redactar bien el contrato antes de empezar es la inversión más barata de todo el proyecto y la que más disgustos evita. Si estás valorando presupuestos para tu web a medida y quieres que un equipo con años desarrollando sobre Drupal te ayude a poner por escrito estas cláusulas de forma clara y equilibrada, cuéntanos tu proyecto y lo revisamos contigo antes de que firmes nada. Vale la pena entrar con las reglas claras desde el primer día.

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