Página web para corredurías de seguros: capta pólizas online
La web de una correduría no vende pólizas: consigue que alguien te deje sus datos para que tú puedas asesorarle, y eso se logra con una página por ramo, un formulario corto y la información legal que te obliga a publicar la normativa de distribución de seguros. La mayoría de corredurías tienen una web que habla de «más de 20 años de experiencia» y poco más, y luego se quejan de que solo entran solicitudes de coche baratas. Este artículo te explica qué estructura capta pólizas de verdad, qué tienes que mostrar por obligación legal y qué cuesta hacerlo bien.
Qué busca alguien que está a punto de contratar un seguro
Antes de tocar el diseño, entiende el momento en el que la persona llega. Hay tres perfiles muy distintos y casi ninguna web los distingue:
- El que compara precio. Viene de un comparador o de un anuncio, quiere una cifra y se va. Si le pides un formulario de catorce campos, lo abandona.
- El que tiene un problema concreto. Le han subido el recibo, ha tenido un siniestro mal gestionado, va a abrir un negocio y le piden un seguro de responsabilidad civil. Este es tu cliente bueno: no busca lo más barato, busca a alguien que le explique.
- El que ya te conoce. Le han dado tu nombre y entra a comprobar que existes de verdad. Aquí decide en treinta segundos, mirando si la web parece seria y si encuentra un teléfono.
Una web que funciona atiende a los tres: una entrada rápida para el que compara, contenido que explica para el que tiene un problema y datos de contacto visibles para el que ya viene recomendado.
Una página por ramo, no un desplegable con quince opciones
Este es el cambio que más resultados da. Si tu web tiene una sección «Seguros» con una lista, no vas a aparecer en Google para ninguna búsqueda concreta. Cada ramo relevante para tu cartera necesita su propia página, con su propio texto, respondiendo a lo que esa persona pregunta.
No hagas quince de golpe. Empieza por los tres o cuatro ramos donde ganas más margen o donde tienes más conocimiento real. Por ejemplo: responsabilidad civil para pymes, seguro de comunidades, salud para autónomos, o el ramo sectorial que domines. En cada página explica qué cubre, qué no cubre (esto genera muchísima confianza), qué preguntas te hacen siempre los clientes de ese ramo y qué documentación necesitas para cotizar.
Un detalle que marca la diferencia: el apartado de «qué no cubre». Todo el mundo presume de coberturas y nadie avisa de las exclusiones. La persona que lee tus exclusiones y las entiende ya confía en ti antes de llamarte.
El formulario: cuantos menos campos, más solicitudes
Aquí se pierden la mayoría de oportunidades. La tentación es pedir todo lo que necesitas para cotizar, y lo que consigues es que nadie lo rellene.
La regla es sencilla: en el formulario pide lo mínimo para poder llamar, y lo demás pídelo por teléfono. Para casi cualquier ramo, eso significa tres o cuatro campos: nombre, teléfono, qué quiere asegurar y, como mucho, un dato clave para orientar la cotización. Todo lo demás lo consigues en la llamada, y además la llamada es donde tú aportas valor.
Añade dos cosas más:
- Un mensaje de confirmación que diga qué pasa ahora. «Hemos recibido tu solicitud, te llamamos en horario de mañana en las próximas 24 horas» reduce a la mitad las llamadas de seguimiento del cliente.
- Un aviso realista de plazos. Si no cotizas los fines de semana, dilo. Es mejor que un cliente espere informado que enfadado.
Y comprueba periódicamente que los correos del formulario te llegan de verdad, porque es el fallo silencioso más común y más caro en cualquier web de servicios.
Los datos que estás obligado a publicar
Esto no es opcional y muchas webs de corredurías lo tienen incompleto. La distribución de seguros en España se rige por el Real Decreto-ley 3/2020, que incorporó al ordenamiento español la directiva europea de distribución de seguros y establece la obligación de estar inscrito en el registro administrativo de distribuidores de seguros que gestiona la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP). Ese registro es público y se puede consultar gratuitamente por medios electrónicos.
En la práctica, tu web debería mostrar con claridad, normalmente en el aviso legal y en el pie de página:
- La denominación social completa y el CIF de la correduría.
- Tu clave o número de inscripción en el registro de la DGSFP, para que cualquiera pueda verificarte.
- La condición de corredor o correduría, con la mención de que el asesoramiento se presta con análisis objetivo, que es precisamente lo que te distingue de un agente vinculado a una compañía.
- La información sobre el seguro de responsabilidad civil profesional y la capacidad financiera exigidos por la normativa.
- El procedimiento de quejas y reclamaciones, con el departamento de atención al cliente y la posibilidad de acudir al servicio de reclamaciones de la DGSFP.
Además, recuerda que la documentación precontractual y el documento de información del producto son obligaciones del proceso de contratación, no de la web. Si en algún momento quieres contratar íntegramente online, ahí el proyecto deja de ser una web corporativa y pasa a ser un desarrollo con validación de identidad y firma: otro presupuesto y otro plazo.
RGPD y datos de salud: el punto donde una correduría se juega una sanción
Una correduría trata datos personales por definición, y en ramos como salud, vida o accidentes puede tratar datos de categoría especial, que tienen una protección reforzada en el Reglamento General de Protección de Datos. Eso condiciona cómo debe estar hecha tu web.
Lo mínimo exigible en un proyecto serio: formulario con casilla de consentimiento sin premarcar y enlace visible a la política de privacidad; información clara de para qué vas a usar los datos y a quién se los vas a comunicar (las compañías con las que vas a cotizar); conexión cifrada con certificado en todo el sitio; y ningún dato de salud viajando por un formulario de contacto genérico ni almacenado en el gestor de contenidos de la web. Si necesitas un cuestionario médico, eso va en un canal seguro, no en la web pública.
Añade la parte de cookies y analítica con consentimiento previo, y un plazo de conservación definido para las solicitudes que no acaban en póliza. No es burocracia: es lo primero que te van a pedir si hay una reclamación.
Conecta la web con el programa de gestión de pólizas
Si las solicitudes de tu web llegan a un correo y alguien las copia a mano al programa de gestión, tienes dos problemas: se pierden solicitudes y no sabes cuántas pólizas te trae la web.
Lo razonable es que cada solicitud entre como un registro de oportunidad, con su origen identificado, y que quede vinculada al cliente cuando la póliza se emite. Así puedes responder a la única pregunta que importa: cuántas pólizas y cuánta comisión ha generado la web este año. Si tu programa sectorial tiene API o permite importar, es un trabajo asumible; si no, un formulario con base de datos propia y un informe semanal ya te da visibilidad.
Qué cuesta y en qué plazo lo tienes
Para una correduría, la horquilla es la del mercado general de webs corporativas en España. Estos son rangos orientativos, sin IVA:
| Alcance | Qué incluye | Rango orientativo |
|---|---|---|
| Web corporativa sencilla | Presentación, contacto, aviso legal y datos registrales | 800 – 2.500 € |
| Web a medida con páginas por ramo | Varias secciones, formularios por ramo, blog y SEO inicial | 2.500 – 6.000 € |
| Web con área privada de clientes | Acceso para consultar pólizas y recibos, integración con gestión | Desde 6.000 € |
A eso se suman dominio (12 – 20 € al año), alojamiento (60 – 200 € al año) y mantenimiento (entre 30 y 150 € al mes según complejidad). Los plazos habituales van de dos o tres semanas para una web sencilla a uno o tres meses para un proyecto a medida. Y sí, si cumples los requisitos, el Kit Digital puede cubrir buena parte de la inversión inicial.
En resumen: especializa las páginas y simplifica el formulario
Si tuvieras que hacer solo tres cosas, serían estas: crear una página por cada uno de tus tres ramos más rentables, dejar el formulario en cuatro campos, y publicar completos tus datos de inscripción en la DGSFP para que cualquiera pueda verificarte. Con eso pasas de una web que solo confirma que existes a una web que trae solicitudes cualificadas cada semana.
Si quieres revisar tu web actual y ver por qué no te llegan solicitudes de los ramos que te interesan, escríbenos y le echamos un ojo contigo: en una llamada se detecta bastante rápido dónde se está quedando el cliente.