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Cómo es el organigrama de una startup y qué roles necesitas

El organigrama de una startup no se parece al de una empresa tradicional: no se organiza por departamentos, sino por responsabilidades sobre resultados, y se rehace cada vez que el equipo duplica su tamaño. En las primeras fases no hay cajas ni niveles; hay tres o cuatro personas que se reparten áreas completas. El error habitual no es tener un organigrama malo, es no tener ninguno y descubrir tarde que hay decisiones que no toma nadie.

Por qué necesitas uno antes de lo que crees

Mientras sois dos, el organigrama sobra: habláis todo el día. A partir de la cuarta o quinta persona empiezan los síntomas: dos personas hacen la misma tarea, una decisión se queda semanas sin tomar porque nadie sabe si le corresponde, un cliente pregunta algo y le contestan cosas distintas según a quién escriba.

Un organigrama en una startup responde a tres preguntas muy concretas: quién decide en cada área cuando hay discrepancia, quién responde de cada resultado ante el resto del equipo y ante los inversores, y a quién pregunta alguien nuevo cuando se atasca. Si esas tres preguntas tienen respuesta, da igual que el dibujo sea feo.

Etapa fundadora: de dos a cinco personas

Aquí el organigrama son los propios socios y el reparto se hace por áreas completas, no por tareas. Lo habitual es que aparezcan tres funciones:

  • Negocio y financiación. Quien habla con clientes e inversores, cierra ventas y controla la caja. Es el papel que suele asumir el consejero delegado.
  • Producto y tecnología. Quien decide qué se construye y cómo. Si el producto es software, es el rol que más condiciona la velocidad de los dos primeros años.
  • Operaciones. Todo lo que hace que la empresa funcione: administración, proveedores, soporte, procesos.

Dos advertencias prácticas. La primera: no repartáis títulos, repartid decisiones. Ponerse todos «cofundador y director» de algo no aclara quién firma el desempate. La segunda: el reparto de funciones y el reparto de participaciones son conversaciones distintas, y conviene tenerlas por separado y por escrito, como explicamos en nuestra guía sobre cómo repartir el equity entre socios fundadores.

Primeras contrataciones: de cinco a quince personas

En esta fase aparecen las primeras personas que no son socias, y el organigrama pasa de ser un reparto entre iguales a tener, por primera vez, alguien que reporta a alguien. Los roles que suelen entrar primero, por este orden:

  1. Perfiles de producto y desarrollo. Porque el producto es el único activo que se revaloriza.
  2. Un perfil comercial que no sea el fundador. Es la prueba de fuego del modelo: si solo vende quien lo inventó, no hay proceso de ventas, hay carisma.
  3. Soporte y atención al cliente. Suele llegar tarde y es lo que más retención aporta.
  4. Administración y finanzas a tiempo parcial. En España, casi siempre en forma de asesoría externa al principio.

Aquí conviene decidir con la cabeza fría qué se contrata y qué se externaliza. Contabilidad, laboral, diseño gráfico puntual o marketing de campaña funcionan bien con proveedores externos. El conocimiento del producto y la relación con el cliente, no: eso se queda dentro. Si el desarrollo lo lleva una empresa externa, asegúrate al menos de tener dentro a alguien que entienda y decida sobre el producto.

Estructura por etapas, de un vistazo

TamañoCómo se organizaRoles que aparecenError típico
2 – 5Reparto entre socios por áreasNegocio, producto y tecnología, operacionesTítulos sin decisiones asignadas
5 – 15Un nivel: fundadores y equipoDesarrollo, ventas, soporte, administración externaContratar perfiles generalistas sin responsable claro
15 – 50Áreas con responsable propioResponsables de producto, de ventas, de operaciones y de personasQue todo el mundo siga reportando al fundador
Más de 50Áreas con equipos y mandos intermediosDirección financiera, responsable de datos, mandos de equipoCopiar el organigrama de una empresa grande

El punto de ruptura: cuando todos reportan al fundador

Hay un momento muy reconocible, normalmente entre las quince y las veinticinco personas, en el que la persona que fundó la empresa se convierte en el cuello de botella de todo. Las señales son siempre las mismas: su agenda está llena de reuniones de seguimiento, las decisiones esperan a que vuelva de un viaje y el equipo ha aprendido a no avanzar sin su visto bueno.

La salida es crear un primer nivel de responsables de área con autonomía real, no con el nombre del cargo. Autonomía real significa tres cosas concretas: un presupuesto que pueden gastar sin pedir permiso hasta cierto importe, la potestad de contratar dentro de su equipo y un objetivo medible del que responden. Sin esas tres, el cargo es decorativo y el cuello de botella sigue ahí.

Este es también el momento de empezar a medir por objetivos en lugar de por tareas. Lo desarrollamos en nuestra guía sobre cómo establecer OKRs y métricas de producto.

Cómo documentarlo sin burocracia

No necesitas un manual de organización. Necesitas un documento de una página, accesible para todo el equipo, con cuatro columnas: área, persona responsable, qué decide sin consultar y qué decide con el consejo o con los socios. Revísalo cada trimestre y cada vez que entren tres personas nuevas.

Añade dos elementos más, que ahorran muchísimo tiempo:

  • Una lista de decisiones y su dueño. Precios, contrataciones, gastos por encima de cierto importe, cambios en el producto, respuesta a un cliente enfadado. Escribir quién decide cada una elimina la mayoría de los bloqueos.
  • Un mapa de suplencias. Quién cubre cada área cuando su responsable está de vacaciones o se va. En equipos pequeños, la ausencia de una persona puede parar una función entera.

Ese documento tiene un beneficio añadido que se nota enseguida: acorta la incorporación de cada persona nueva. Cuando alguien entra y puede leer en una página quién lleva cada área y a quién preguntar según el tema, deja de depender de que un compañero tenga un rato libre para explicárselo. En equipos que crecen rápido, eso son semanas de productividad al cabo del año.

Lo que no debe aparecer en tu organigrama

Tres cosas que conviene evitar mientras seas pequeño. La primera, cargos inflados: llamar «director» a alguien que no dirige a nadie complica las contrataciones futuras y genera agravios cuando llegue quien sí dirija. La segunda, áreas creadas para una sola persona: si tienes un departamento de una persona que no va a crecer, probablemente sea una función, no un área. Y la tercera, un consejo asesor decorativo confundido con la estructura operativa: son cosas distintas y se dibujan aparte.

Recuerda además que el organigrama es descriptivo, no aspiracional: dibuja lo que sois hoy. El de dentro de un año lo harás dentro de un año, y será distinto.

Por dónde empezar

Resumiendo: en una startup, el organigrama es la respuesta a quién decide, quién responde y a quién se pregunta. Se rehace en cada salto de tamaño, se reparte por áreas completas en vez de por tareas, y su prueba de calidad es muy simple: si el fundador se va dos semanas sin cobertura, ¿sigue funcionando la empresa?

Si además de organizar el equipo estás construyendo el producto digital que sostiene tu negocio, en Tangram Consulting acompañamos a emprendedores desde la idea hasta la expansión, y sabemos qué piezas conviene tener dentro y cuáles no en cada etapa. Cuéntanos en qué punto está tu proyecto y lo vemos contigo.

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